Racmo compliance

De un tiempo a esta parte, el término «compliance» convive entre nosotros y cada vez goza de una mayor importancia en el mundo jurídico y empresarial. Prueba de la enorme relevancia que ha adquirido el compliance es que fue considerado como el tema jurídico del año en la II Edición de los Premios Expansión Jurídico, celebrada en 2017. En efecto, actualmente se trata del asunto que mayor atención capta entre los abogados de empresa, por encima incluso de temas de gran repercusión internacional como el Brexit, o de otros con tantísimo impacto en la sociedad como las cláusulas suelo.

El compliance –también llamado «cumplimiento normativo»– comienza a ganar protagonismo igualmente en pronunciamientos judiciales, como la reciente Sentencia del Tribunal Supremo, Sala de lo Penal, núm. 316/2018, de 28 de junio, la cual lo define acertadamente como el «conjunto de normas de carácter interno, establecidas en la empresa a iniciativa del órgano de administración, con la finalidad de implementar en ella un modelo de organización y gestión eficaz e idóneo que le permita mitigar el riesgo de la comisión de delitos y exonerar a la empresa y, en su caso, al órgano de administración, de la responsabilidad penal de los delitos cometidos por sus directivos y empleados».

Por lo tanto, conviene echar la vista atrás y fijarnos en aquellos hitos que han conducido a que el cumplimiento normativo sea hoy unos de los temas de mayor efervescencia.

En primer lugar, hemos de tener presente que fue la Ley Orgánica 5/2010, de 22 de junio, la que introdujo en el Código Penal la responsabilidad de las personas jurídicas; lo hizo, además, de modo que no sólo se castigarían «aquellos delitos cometidos en su nombre o por su cuenta, y en su provecho, por las personas que tienen poder de representación en las mismas», sino que, como indicase la Exposición de Motivos de la citada Ley Orgánica, también se contemplaba «la responsabilidad por aquellas infracciones propiciadas por no haber ejercido la persona jurídica el debido control sobre sus empleados». Como vemos, ya desde 2010 se prevé en nuestro ordenamiento la responsabilidad penal de las empresas tanto por los actos de sus administradores, como por los actos de cualquier empleado en los casos en que no haya existido una efectiva prevención que mitigara los riesgos de comisión de un delito.

Sin embargo, la reforma de 2010 resultó insuficiente por cuanto no recogía aquellas actitudes de buen gobierno que una empresa podría adoptar con el objetivo de ejercer un debido control sobre sus empleados. Tal situación cambió con la Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, la cual otorgó la redacción actual al art. 31 bis del Código Penal, donde se contempla que «la persona jurídica quedará exenta de responsabilidad si, antes de la comisión del delito, ha adoptado y ejecutado eficazmente un modelo de organización y gestión que resulte adecuado para prevenir delitos de la naturaleza del que fue cometido o para reducir de forma significativa el riesgo de su comisión». Incluso, el propio art. 31 bis recoge los rasgos principales que habrá de cumplir un buen modelo de organización y gestión que, en su caso, pueda eximir de responsabilidad penal a la empresa.

Consideramos que fue esta modificación del Código Penal la que dio el espaldarazo definitivo a la implantación del compliance en España, una vez que se solventaron las dudas interpretativas que la primera redacción del art. 31 bis había generado, y toda vez que se delimitó el contenido del debido control que la empresa debía ejercer sobre sus empleados.

El siguiente gran hito que hemos de tener presente es la publicación en mayo de 2017 de la Norma UNE 19601, Sistemas de Gestión de Compliance Penal, la cual «establece los requisitos y facilita las directrices para adoptar, implementar, mantener y mejorar continuamente políticas de compliance penal y el resto de los elementos de un sistema de gestión de compliance penal en las organizaciones». Como vemos, es una norma de carácter nacional elaborada por la Asociación Española de Normalización, y cuya observancia y cumplimiento por parte de una empresa la hará merecedora de una certificación que acredite la eficacia de sus modelos de organización y gestión. Si bien existe una norma de carácter internacional con el mismo contenido –la ISO 19600–, ésta es una mera norma de directrices, no de requisitos, lo que la hace inapropiada para la obtención de un certificado.

Expuesto lo anterior, se hace necesario remarcar que la implantación de la Norma UNE 19601 por sí sola no implica una exoneración automática de la responsabilidad penal de la empresa, más allá de que pueda constituir un gran indicio de que la organización ha actuado diligentemente en el sentido de prevenir y mitigar los riesgos de comisión de un delito por parte de sus empleados.

Como bien indicara la Fiscalía General del Estado en su Circular 1/2016, referente a las modificaciones incluidas en el Código Penal por la Ley Orgánica 1/2015, los modelos de organización y gestión no pueden en ningún caso concebirse como una suerte de seguro frente a toda acción penal. Al contrario, estos modelos deberían ser una pieza más dentro de «una cultura corporativa de respeto a la Ley, donde la comisión de un delito constituya un acontecimiento accidental y la exención de pena, una consecuencia natural de dicha cultura».

En conclusión, podemos afirmar que el compliance es actualmente uno de los grandes retos a los que se enfrentan las empresas y que más trabajo dará a las asesorías jurídicas que pretendan implementar códigos éticos de buen gobierno en las mismas. En RACMO Gestión lo tuvimos claro y fuimos pioneros en ese sentido, incorporando a nuestro funcionamiento diario un eficaz sistema de organización y control que nos otorga las mayores garantías de cara a los desafíos que afronta la compañía. En nuestro caso, factores como el trato diario con deudores o la gestión de grandes cantidades de capital nos conducen a actuar con una enorme responsabilidad y a confiar en los mecanismos establecidos por la empresa para su debido control.

Por Lorena Suárez Ramos

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